La vía romana de La Carisa corresponde al trazado de uno de esos caminos de origen prehistórico que se adentra en Asturias desde la meseta castellana, atravesando la barrera montañosa de la Cordillera Cantábrica. Es una «vía terrena» que fue mejorada en el año 26 antes de Cristo por el general romano Publio Carisio y realizada entre los años 16 al 14 a. C. por la Legio VII Gémina en su penetración a Asturias.
A Publio Carisio, fundador de Emérita Augusta y gobernador de Lusitania, lo identifican varios historiadores con el nombre de La Carisa. Fue enviado por el emperador Augusto con el fin de someter a los astures durante las guerras que éstos mantuvieron contra el imperio de Roma.
Al igual que el vecino camino romano de La Mesa, esta primigenia calzada estaba considerada como la más tradicional y transitada dentro del escaso abanico de posibilidades orográficas que presenta la región para su invasión.
Como hemos indicado anteriormente, esta vía, así como el resto de los caminos tradicionales que cruzan la cordillera, tenían como misión enlazar los centros vitales de aquel imperio y por lo tanto contaban con un destacado valor estratégico-militar. En líneas generales, los objetivos de las calzadas romanas estaban definidos por la comunicación entre asentamientos urbanos, por los avances de conquista y por la explotación de los territorios ocupados.
  De manera singular, este itinerario, con 42 km de recorrido, discurre entre las cuencas del Bernesga en León y el Caudal en Asturias, por la cumbrera del cordal de Carraceo y sierra de Ranero y a caballo de los valles de Aller y Lena, dominando desde las alturas majadas, valles y aldeas. Esta técnica trataba de eludir los fondos de valle que siempre representaban un peligro por las emboscadas.
Su cota más elevada y por lo tanto el «techo» de la ruta, está situada a 1.810 metros, bajo las estribaciones septentrionales del pico Tres Concejos (2.014 metros). A partir de ahí y sin apenas altibajos, se embarca por lo más elevado de la lomera de Carraceo y avanza hacia el centro de la región, manteniendo una altitud media de 1.500 metros durante una buena parte de su recorrido. Cruza por lugares tan emblemáticos como son La Cruz de Fuentes, El Acíu, Carraceo, Espines y Carabanzo hasta llegar a Ujo.
Según la indicación de Ravennate (siglo VI), su destino era la costa cantábrica cruzando Mieres del Camino y prosiguiendo hacia Gijón (antigua Gigia) pasando por Olloniego, Oviedo, Lugo de Llanera y Veranes. A lo largo del recorrido surgen algunas variantes históricas que descienden a los valles colindantes, como son el camino del Rasón al valle del Río Negro, el descenso al valle de Parana, la variante romana de Congostinas que baja a Campomanes y la Vega del Ciegu por Malveo y Cornellana, la ruta de Espines a Boo o la variante del Valle Felgueras a Santa Cristina y La Cobertoria.
La vía romana de La Carisa, conocida también como el Camín Real, fue dada a conocer por J. Manuel González en el año 1976. Con la muerte de este investigador se suspendió la publicación prevista sobre este itinerario y, por lo tanto, escasean las fuentes bibliográficas a excepción de los textos de algunos arqueólogos e historiadores como José Luis Maya, Carmen Fernández Ochoa o Manuel Abilio Rabanal Alonso entre otros, que son los que hacen referencia escrita en algunas de sus publicaciones.
Las características de este camino están determinadas como un itinerario de herradura de dos a tres metros de ancho, conservando su antigua traza en más del 50% de su recorrido. Muchos tramos fueron sustituidos por una tupida red de pistas de origen campesino y minero que han devaluado este rico patrimonio viario.
   

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